Nadie dijo que fuera fácil el amor después de los cuarenta. Requiere del talento suficiente para engañar al espejo, al calendario y a la parte del cerebro que se empeña cruelmente en recordarte los anteriores fracasos.
Este post de hoy es una colaboración de mi hermano Daniel.
Por ti y para ti, porque te quiero.
El amor después de los cuarenta
- Estate quieta guapa, que vas a salir movida en las fotos y como te sigas riendo así de forzada no va a haber Photoshop que quite esas arrugas.
- Oye Bea ¿No te parece excesivo llamar a un fotógrafo?
- Todo es poco Cris, no sabes la ilusión que me hace, nunca pensé que serias la primera en abandonar el nido.
- A ti se te ha ido la cabeza del todo.
- Deja de hablar y terminemos con esto que ya es casi la hora. Gracias por todo Roberto, te debo una y ya sabes que si cambias de acera te estaré esperando con los brazos abiertos.
-Chao amor, lo tendré en cuenta.
- Deja que te vea…
- ¿Y ahora porque lloras?
- Toda la vida has sido una insensible Cris. ¿No te das cuenta de la importancia que tiene este momento?
- De lo que me doy cuenta es de que soy una idiota por dejarme llevar por tus insensateces.
- Me hubiera encantado que tu madre estuviera aquí para verte así de guapa.
- Mira Bea, ya vale. Que me estás poniendo de los nervios. Sí mi madre me viera en estas circunstancias pensaría que soy gilipollas y que tú estás para que te encierren, pero afortunadamente está tan tranquila en su club del jubilado, ajena a todo esto.
- Tú di lo que quieras, pero yo sigo pensando que deberías haberla llamado.
- Y yo sigo pensando que parezco un mamarracho vestida así.
-Estás preciosa. Ponte ahí, al lado del espejo, que te hago la última foto.
-¿Otra foto?
- La última, te lo prometo. Ésta es para mí, la pienso poner de salva pantallas.
- Y con las otras puedes hacer un libro ilustrado sobre como perder la dignidad después de los cuarenta.
-¿No piensas Cris que un día podrás enseñarle a tus nietos estas fotos y contarles que fue el día más feliz de tu vida?
-¡Pero qué nietos Bea! Que tengo cuarenta y tres años y el instinto maternal en el cajón de los anticonceptivos, justo donde debe estar. ¡Pero si tuvimos que regalar al perro porque nos olvidábamos siempre de darle de comer!
- Esos eran otros tiempos Cris. Éramos jóvenes e irresponsables, pero ahora estoy segura de que seríamos unas madres estupendas.
-¡Pero si fue hace seis meses! Mira, tú haz lo que te dé la gana, quédate preñada del primer anormal que te diga guapa y te mudas con mi madre al hogar del jubilado, que le hará mucha ilusión ayudarte a criarlo.
- Cuando te pones así de borde no te aguanto.
- Lo siento. ¿Qué hora es?
- Las ocho y media.
- Carlos tiene que estar a punto de llegar, contando con que no se haya arrepentido, claro.
- Carlos te adora, me di cuenta desde el primer momento.
- Pero si no le conoces.
- Pero he leído todos sus whatsapp y sabes que siempre he tenido olfato para la gente.
- Tú no estás bien Bea, te lo digo desde el cariño, deberías hacértelo mirar.
- Yo no estoy bien, tu madre no está bien, tu jefe dejaría a su mujer para irse contigo y tu primer novio no era gay, solo le gustaba jugar a los médicos con tu peluquero. No te ofendas Cris, pero reconoce que no eres la más indicada para darme lecciones de salud mental.
- Salvadas por la campana, anda abre la puerta. Me perfumo y salgo. No se te ocurra contarle a Carlos todos los planes que tienes para él. Te presentas y nada más. Tardo un minuto.
- Hola Carlos, soy Bea. Es un placer conocerte.
-Hola Bea. Cris me ha hablado mucho de ti.
- ¿Sí? ¿Y qué te ha contado?
- Ya estoy aquí. Hola Carlos.
-¡Qué guapa estás! ¿Vamos de boda y no me lo habías dicho? Si me hubieras avisado me hubiera puesto otra cosa.
- No, si tú estás estupendo. Me he dejado llevar por las fantasías enfermizas de mi compañera de piso. Me pongo unos vaqueros y nos vamos. Y tú, Bea, deja que Carlos se imagine lo que quiera, seguro que no te necesita para sacar sus propias conclusiones.
- A saber que le has dicho sobre mí.
-¿Qué os pasa? ¿Estáis enfadadas?
- No, somos así.
- Ah.
-Por cierto, que horóscopo eres?
-Tauro.
-Ah.
-¿Hay algo malo en eso?
-Nada, nada, sólo que me he dado cuenta de que no eres el hombre que yo esperaba. Chao, nos vemos. O no…
- ¡Ya estás aquí! Tu compañera de piso me da miedo.
-Ni caso.
- ¿Dónde te gustaría ir?
- Pues sinceramente a un balneario, pero quizá sea demasiado, mejor una cerveza en un sitio tranquilo. Por cierto, no me habías dicho que eras Tauro…
No hay comentarios:
Publicar un comentario