Me gusta que estés aquí, el olor de la ropa recién lavada, el color azul y el verde y las cosas azules y verdes, o sea, el mundo y la vida. Me gusta asomarme por ventanas pequeñas, a poder ser las de la cara de las personas que quiero. Me gustan las manos de los ancianos por las cosas que cuentan. Me gusta la ropa de verano y las botas de invierno. Me gusta tocar el agua, me relaja y también caminar porque sí y para nada. Me gusta entender a las personas cuando me cuentan y contar los minutos que faltan para lo que sea. Me gustan los relatos y los cuentos, los personajes enamorados y la posibilidad de mil finales, menos los finales felices, porque los finales son finales, y aunque fin y feliz empiezan por f, no deja de ser algo que acaba, y a mi no me gustan las cosas que terminan. No me gustan las puertas y las ventanas cerradas, no me gusta el gris del asfalto, no me gusta la velocidad ni los viajes cortos. No me gusta que la lluvia me sorprenda llorando y no me gusta llorar por lo que no tiene remedio.

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