domingo, 4 de agosto de 2013

Familias peculiares

Tengo de vecinos vacacionales a una familia peculiar. Ella," la madre", una tía con pinta de surfera, que  no debe haber cumplido los treinta. Él, un tipo cincuentón que mete tripa cuando camina al lado de su joven esposa y lleva unas gafas de esas que se ponen los adolescentes después de una raveMomentazo el que protagonizaron ayer en las hamacas de la piscina, pero tranquilos, que me lo ahorro, que no son horas ni yo tengo estómago para narrarlo. Y luego están los niños, que sorprendentemente tienen la misma edad pero no son ni gemelos ni mellizos. El más guapo es un rubiales, muy moreno de piel, que lleva un colgante de cuero y madera al cuello y unas bermudas de flores que en dos días no le he visto quitarse, por supuesto sin camiseta; y el otro, es un niño moreno y muy delgado que lleva sandalias cangrejeras y al que su padre persigue a cada minuto ofreciéndole un cola-cao, que no sabéis qué ganas me dan de decirle que me lo tomo yo sólo para que se calle, y es que él, el padre, debe ser de esos que le tiene una fe sin medida al cola-cao. Que el niño no come, que está bajo de peso, que le duele la tripa, que está triste, que no se quiere bañar en la piscina, pues un cola-cao que todo lo cura. 
Están sentados debajo de mi terraza intentado elegir el desayuno, y me resulta increíble porque os cuento cuales son las opciones: Cola- cao con magdalenas, con tostada de tomate y aceite, (“puag”, dicen los dos, que en eso sí se ponen de acuerdo), o con mantequilla y mermelada de cerezas. - ¿De cerezas? Dice el rubiales. ¡Si coño, de cerezas, que estamos en el Jerte! ¡De que va a ser si no! Ésta que se cuela es mi mala leche asomándose por la barandilla de la terraza a explicárselo al querubín. No se deciden. La pobre camarera ya no sabe que decir. El morenito delgado pregunta de que marca es la leche, ¿os lo podéis creer? El padre le dice, qué más da, hijo, pues de la que sea, pero no, el niño quiere que sea de la marca La Asturiana y entera. ¡Pues de esa no hay! Y ya está, esa soy yo otra vez. Pero si no iba a desayunar de todas maneras, y eso que Cola-cao sí que había. 
Finalmente son dos cafés con leche, un cola-cao para el rubio y un zumo de naranja natural para el moreno, también dos tostadas con mantequilla y mermelada de cerezas y dos magdalenas. Ya está, menos mal, un poco de paz, espero. Bueno, pues no, que ahora gritan que hay dos abejas revoloteando por la mesa, abejas que no avispas, y quieren que la camarera las quite de ahí , como si la pobre las hubiera invitado a desayunar. Mira, ahora la que se va soy yo, porque si no al final me asomo de verdad por la terraza y se lo explico.
Acabo de escucharles decir que se van,¡ bien!, el morenito dice que este pueblo huele raro y que no piensa comer, también quiere saber si cada pueblo huele diferente, su padre ríe muerto de amor, y ella, su " madre", dice que no se puede ser más maleducado y que no se deben decir esas cosas delante de la gente que vive en este pueblo por muy mal que le parezca que huele. Ella, que ayer nos regalo un topless en la piscina que para que se hagan una idea, hay tan poca distancia entre hamacas que pude contarle las estrías de las tetas, ella sí que es educada.

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