lunes, 23 de septiembre de 2013

Senderos

Hoy he vuelto a salír a caminar en un intento de volver a retomar las cosas donde las dejé. Ni siquiera me había dado cuenta de lo que me habían crecido los brazos en este tiempo intentando que el cielo no se desplomara sobre su cabeza, que ingenua, yo no soy tan poderosa. Al final el cielo se desplomó y dejó los destrozos propios de las malas tormentas. Pero hoy ha vuelto a salir el sol y yo he vuelto a salir a caminar. Me alegro de haberme puesto los vaqueros y las “pisamierdas" descoloridas de los paseos, porque aunque a ratos parezca verano, la luz es diferente y esta brisa mañanera anuncia que el otoño ya está aquí. Tengo la sensación de haberme perdido el verano. 
Kometa vuelve a caminar a mi lado contenta, a ratos se adelanta y después se para a mirarme, como queriendo asegurarse de que estoy aquí, que he vuelto, llevaba mucho tiempo escondiéndose cada vez que me veía con la correa en la mano, siento haber estado tan ausente. Me hubiera gustado que alguien me dijera algo, que me hiciera parar, pero la verdad es que en estas situaciones nunca dejo que nadie se acerque demasiado y ellos lo saben. Lo malo de los viajes es que nunca te dejan en el mismo sitio, y hay que volver a buscar otro punto de donde partir. 
Me divierte ver a kometa olisqueando aquí y allá, como reconociendo el camino que llevaba tanto sin pisar. Llegamos a la bifurcación de siempre y los tres mismos senderos se abren, esta vez kometa se para y me mira impaciente, no sabe que haré, sigo de frente y parece que he acertado porque mueve el rabo sin parar y salta a mi alrededor. Vale, esta bien, sigamos adelante.



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