Kometa vuelve a caminar a mi lado contenta, a ratos se adelanta y después se para a mirarme, como queriendo asegurarse de que estoy aquí, que he vuelto, llevaba mucho tiempo escondiéndose cada vez que me veía con la correa en la mano, siento haber estado tan ausente. Me hubiera gustado que alguien me dijera algo, que me hiciera parar, pero la verdad es que en estas situaciones nunca dejo que nadie se acerque demasiado y ellos lo saben. Lo malo de los viajes es que nunca te dejan en el mismo sitio, y hay que volver a buscar otro punto de donde partir.
Me divierte ver a kometa olisqueando aquí y allá, como reconociendo el camino que llevaba tanto sin pisar. Llegamos a la bifurcación de siempre y los tres mismos senderos se abren, esta vez kometa se para y me mira impaciente, no sabe que haré, sigo de frente y parece que he acertado porque mueve el rabo sin parar y salta a mi alrededor. Vale, esta bien, sigamos adelante.

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