Empiezo la semana desde un lugar de esos que curan el alma,lugares donde afortunadamente la tierra te acoge como sí fueras parte fundamental de su engranaje y te regala la grandeza,la majestuosidad de sus paisajes ,sus olores y sus sabores para que ya para siempre formen parte de tu memoria .No hay silencio más ensordecedor que el de la noche aquí, el sonido del agua al bajar furiosa de la sierra para regar los casi infinitos cerezos del valle que a cambio le regala sus flores poco a poco y tímidamente este año y el agua se carcajea al llegar a los ríos que pasan por los pueblos del valle tan particularmente diseñados. No se entiende aquí la vida sin la flor y la cereza,esos tesoros que son dados cada año fruto del esfuerzo y la dedicación de sus gentes que este año miran el cielo y suspiran
previendo que el verano será laborioso por la tardía floración. Yo ya me marcho ,con el alma quieta y la mirada y el corazón llenos,volveré cuando el paisaje haya cambiado de blanco a rojo.


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