Si, me lío. Me enredo, me embarullo, me desordeno, me confundo y después del lío, me toca volver a ordenarme y, eso , también es un lío. Porque casi nunca vuelvo al mismo sitio y casi siempre algo que ha dado unas mil vueltas en mi cabeza, que empezó siendo pequeñito, se ha convertido en un gigante que come cinco veces al día y que me acompaña allí donde voy, dándome sombra, tapándome el sol.
No pongo nombre a mis gigantes, ni les miro mucho a los ojos, que me conozco y no quiero cogerles cariño, afortunadamente nunca se quedan demasiado tiempo y este se que se irá antes del próximo lío. Pero mientras están, duermo poco, como mal y no me reconozco en el espejo.
No hay mal que cien años dure, así que mi último gigante se irá y yo dejaré de sentirme como si me hubieran encerrado en una botella y hubieran puesto el corcho.
Yo, que a veces me lío.
Sandra Ortega

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