Todos tenemos teorías sobre cómo son las cosas en el amor, sobre cuando empieza y sobre cuando termina.
El amor se escribe de colores a veces y, a veces en blanco y negro. El amor a veces es pequeño y, a veces grande. Muchas veces infinito y otras, lleno de dependes. El amor es bajito cuando nace y gigante cuando crece, a veces no cabe y explota y, otras, se queda justo del tamaño que te cabe en el pecho.
El amor no tiende puentes, es un puente, lo cruzas o no.
El amor es incompatible con el miedo, con la prudencia, con el orden, con la tragedia.
El amor es un camaleón que cambia de forma y de color para sobrevivir y, sobre todo existe mientras tu lo veas, da igual lo que diga nadie.
Existes mientras yo te vea, mientras te lea, mientras te dibuje y mientras te escriba. Existes mientras la rabia siga multiplicando mis ganas, mientras yo quiera.
Existes mientras me enfades, cada vez que te mato y te resucito, cada vez que te miro de reojo y sobre todo cuando te miro de frente.
Existes mientras me quede y me quedo.
Me quedo del lado de las cosas que hacen que las otras cosas no existan, no importen. Mientras la importancia de lo que pasa a mi alrededor se haga pequeño para dejarte el hueco.
Existes mientras yo te vea...
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