Queda poco para que empieze la primavera y quiero proponeros vaciarnos los bolsillos de lo que ya no nos vale.
No sé cuanto pesa tu miedo ni de qué color es, o si se ha reproducido en tu bolsillo y ahora son una familia numerosa, pero tienes que invitarlos a marcharse. Míralos a la cara y no dejes que te tiemble el pulso. Pídeles perdón si alguna vez los utilizaste para conseguir librarte de algo y hazles entender que con ellos no puedes seguir avanzando, que ya no caben en tu bolsillo que vas a llenar de otras cosas. Ten en cuenta que llorará y pataleará, lleva mucho tiempo contigo y no va a querer marcharse, pero si no cedes, si te mantienes firme, se irá. Eso si, debo advertirte de que los miedos son oportunistas, rencorosos y siguen a su víctima muy de cerca toda la vida, esperando cualquier momento de debilidad para volver a saltar a tu bolsillo. Te recomiendo que lo refuerces con una buena cremallera. Recuerda, toda precaución es poca.
Cuando hayas conseguido echar a tus miedos te darás cuenta de que andas mucho más ligero y con esa energía debemos seguir vaciando los bolsillos. Algunas veces nos sentimos culpables por cosas de las que ni siquiera fuimos responsables y otras arrastramos la culpa de no haber sabido decir "lo siento". Así que repartamos culpas. Con las nuestras ya tenemos bastante y luego veremos que hacemos con ellas. Somos chicos listos y a la que nos paremos lo más mínimo a pensar sabremos que guardamos culpas que no nos corresponden. Una vez repartidas enfrentémonos a las nuestras, estoy segura de que en ese momento descubriréis que muchas de ellas han prescrito. ¡Así que fuera del bolsillo! Yo te recomiendo que las que quedan, que ya serán muy pocas, no las vuelvas a guardar a esperar a que prescriban, se viaja mejor sin ellas. La culpa come mucho y además le encanta la comida basura. A causa de sus malos hábitos alimenticios necesita consumir desperdicios a todas horas, pero por la noche, sobre todo por la noche, sale de tu bolsillo a comerse lo que pilla y si no lo encuentra te despierta, te chilla en sueños, se cuela en tus pensamientos y si no te deshaces pronto de ella se hará cada vez más y más gorda. Hazme caso, ¡fuera del bolsillo! Hay por el mundo algunos "caza culpas" especializados que pueden ayudarte a deshacerte de ellas si están demasiado pegadas al fondo.
Si hablamos de tristeza, tengo que reconocerlo, es la más difícil para mi porque ella siempre tiene la excusa perfecta para quedarse. La tristeza nos exime muchas veces de responsabilidades, nos excusa, nos libera. Sabe que la necesitamos para expresar lo que nos pasa y además es bella, ligera en aparencia, transparente como las lágrimas y se sabe como es: necesaria. Por eso, ésta egocéntrica amiga de todos debe marcharse, debe quedarse en el camino porque cuando lleva demasiado tiempo con nosotros se convierte en otro ser mucho más difícil de manejar y de abandonar: la pena. Ésta traspasa el bolsillo y, despacio y sin descanso, se instala en el alma.
La tristeza, al igual que la nostalgia, sólo para un té, después fuera.
No todo lo que llevamos en los bolsillos es confesable, hay cosas que llevamos todos y otras que son solo parte de nuestro camino personal. Piedras singulares que guardamos como tesoros aunque ahora nos pesen. Así que busquemos un lugar apartado para sacarlo del bolsillo, es posible que cuando vuelvas a mirarlo te des cuenta de que ya no tiene valor, que era solo una fantasía que ahora ya no debe caminar contigo.
Un apartado especial merecen los malos pensamientos, ese es nuestro talón de Aquiles, cuando crees que los has largado definitivamente te asaltan violentamente y te bombardean con sus palabras hirientes, negativas, con sus mentiras hacen tambalear todo lo que habías conseguido construir.
Dicen los que saben que los pensamientos son sólo eso, pensamientos, y que lo bueno que tienen es que se pueden cambiar. Por eso en este caso yo propongo que en vez de echarlos sin más, intentemos sustituirlos por otros que en vez de pesarnos en el bolsillo nos ayuden a caminar.
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