jueves, 25 de agosto de 2016

Extraordinariamente normales

Es verdad que puedo vivir sin apasionarme, de hecho he pensado alguna vez en intentarlo porque cuando eres una apasionada, a veces, pierdes. Pierdes a quien no te comprende, a quien piensa de ti que eres una loca y que la vida no es tan facil como tú la pintas. Y mira yo, pintar no sé, supongo que nunca pasé de intentarlo y lo más que consigo es pintar una nube, un árbol, una casa o una casa en un árbol. De colores se lo justo también y no me pidas que traze una línea recta porque vamos a caernos los dos por el precipicio. Pero sé de puentes, sé de lo afortunados que somos los que vemos las cosas como si fueran esos dibujos que no sabemos pintar. Pero vamos, lo que te estaba diciendo, que puedo intentar ser más "normal" y sentarme a esperar que algo pase que me mueva del sillón. Puedo dejar de mirar el cielo y puedo intentar que la poesía de algunos no me erice la piel ni me provoque un suspiro. Puedo intentar no amar nunca más los amaneceres de verano cuando el cielo no pasa del negro al gris, si no del negro al azul; ese azul que baña los días y me hace saber que todo lo que quiero está en la vida. Puedo no escuchar música, ni leer a otros y, puedo no sentir que la vida se me escapa mientras hago todo eso. Quizá no ser una apasionada tenga sus ventajas. Ya no tendré que impacientarme nunca más por querer hacer cosas que me hagan ser mejor porque valdrá con ser así, un poco de todo y nada en concreto. Puedo guardar todos mis cuadernos y con ellos todo lo que siento, además muchas cosas de las que siento no son fáciles de sentir y a veces me dan miedo. Puedo no pensar nunca más que la vida es una aventura o un viaje más o menos largo, depende para quien y, puedo, dejar la mía quieta y pensar que ya he llegado, que aquí me paro y no buscar nunca más en las personas la prueba evidente de que la magia existe y de que nos vamos cruzando unos en la vida de los otros con la maravillosa y única intención de despertarnos. Puedo dejar de inventar historias y de contarlas, puedo bajar el tono de mi voz y también el de mi deseo y solo dejar que las olas me pasen por encima una y otra vez  agradeciendo que entre ola y ola me den un segundo para respirar. Puedo empezar a pensar que no hay nadie más a quien vaya a conocer, de esos que inspiran los relatos o las canciones, que tienen esa forma "extraordinariamente normal" de ser que te provocan una sonrisa y hacen que te vuelvas a mirarlos para admirar la normalidad de su talento. Puedo dejar de buscar una baldosa más que alargue mi camino de baldosas amarillas y puedo asumir que hay una ley no escrita que dice que a partir de los cuarenta si eres una apasionada o sigues queriendo sentir mariposas en el estomago, o eres una insensata o estás pasando la crisis de los cuarenta. Se me ocurre que también puedo no volver a emocionarme cuando alguien me cuente qué conoció a otro alguien que le cambio la vida, o que hay alguien en sus vidas que ya no les recuerda. Puedo no pensar nunca más que tengo la obligación de dejar en esta vida algo para que los que me sobrevivan lo abracen cuando me añoren. Puedo dejar de soñar que mi cielo tendrá un montón de hojas en blanco para que yo pueda escribir desde allí arriba mientras me asomo en una nube para mirar lo que aquí pasa y poder escribirlo y mandarlo en forma de lluvia cuando les falte inspiración. Puedo dejar de disfrutar de esas pequeñas cosas que yo guardo en mi memoria como comprar libros por un euro en la feria de libro viejo y comer sin hambre en ese Griego que a mí me da lo mismo pero que a ella le hace feliz, y es que sólo  con mirarla, yo ya vivo. Como vivo en los ojos llenos de valor infinito del que es y será mi héroe, de ese que hoy todavía se esconde detrás de un flequillo pero que ya está empezando a darse cuenta de que ama la vida como la amo yo.
Y es que verás, puedo hacer todo eso pero no quiero. 
Quiero ser extraordinariamente normal a veces. Quiero inspirar a otros a encontrar a los que llenaran su vida de esas cosas normales que le dan sentido. Quiero que el culo me siga quemando en el sofá y quiero convertir cada uno de mis viajes en hechos extraordinarios. Quiero y necesito, amar lo que hago, apasionarme cuando las palabras se colocan y forman la historia de alguien, capítulos de una vida que no tiene forma hasta que se ha llenado de amor y de sueños, de deseos, de canciones, olores y sabores, de poesía infinita de esa que provoca caricias y desordena los pensamientos. Quiero y necesito que me eches de menos y que me alejes si estoy de más, que necesites leer lo que escribo y que quieras encontrarte en las mismas pasiones que las mías. Quiero y necesito seguir teniendo un motivo para levantarme cada día a las siete y que no me de lo mismo que el día termine sin haber dicho te quiero cada vez que lo he sentido y, quiero y necesito, que la almohada siga oliendo a "como siempre" y, quiero y necesito, que nunca más nadie piense que da lo mismo porque nada da lo mismo. Quiero y necesito, que la pasión sea lo normal y no lo loco o lo raro, quiero y necesito encontrar a quienes quieran gritar conmigo que son "extraordinariamente normales"  y así no sentirme tan sola como a veces me siento. 
Hagamos con los días, con los años y con los sueños que nos queden un mundo de "extraordinariamente normales" e inspiremos a los otros, que ya sé que lo que pido no es fácil pero se que va a merecer la pena.
Sandra Ortega

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