Como cada día, Ramiro se sentaba en el mismo banco del puerto para ver como pasaban las horas sin sorpresas en ese ir y venir de pescadores y paseantes que tendrían, o eso suponía él, una vida más o menos como la suya. Había algunas cosas que había aprendido en ese banco que olía como huelen los desengaños y las despedidas o los pasos sin rumbo. Hacia algún tiempo que Ramiro había empezado a valorar los pasos sin rumbo; los de los demás. A él sus rodillas ya no le dejaban nunca acabar el paseo, por eso se sentaba a escuchar el mar si era temprano y a los demás cuando amanecía la vida.
Extranjeros con cámaras de fotos, niños con patines y parejas de la mano que miraban el mar apoyados en la barandilla con cara de estar haciendo aquello que los que describen los enamoramientos llaman crear un recuerdo, con el mar de fondo, las olas y el sabor de un beso, casi obligado. Después de un momento y con un poco de vergüenza le pedían a Ramiro que les hiciera una foto y él, cogía aquellas "maquinitas" e inmortalizaba el momento perfecto. Se marchaban de la mano y él los miraba e intentaba comprender en que momento la vida le contó que ya no le tocaba vivir eso.
Se preguntaba a menudo si el día en que sus rodillas no le dejaran llegar hasta el banco alguien se daría cuenta de que él faltaba o si habría quien hiciera las fotografías de ese día. Pensaba que el tiempo se vuelve relativo a medida que crecemos y cuando alguien le preguntaba si algo estaba cerca o lejos, él siempre respondía que todo dependía del tiempo que tuvieras y de la prisa que llevaras y, se atrevía a añadir, que de camino a cualquier sitio hay siempre otro lugar y, que a veces, es mejor que el que andabas buscando. Después se sentía orgulloso de haber regalado un poco de eso que él llamaba su "filosofía" pero a la vez, se entristecía al pensar que había tenido que llegar hasta aquel banco para entender como se nos pasa la vida.
Cuando el sol empezaba a despedirse sonrío con nostalgia al recordar que un día, el tuvo que buscar a alguien que le tomara una fotografía.
Sandra
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